Filosofía y educación de la humanidad
VÍCTOR GÓMEZ PIN 17/11/2010
Fuente: El país.
Hace cinco años la Conferencia General de la Unesco instituyó el día mundial de la filosofía, y este año, en la sede parisiense de la organización, los actos arrancan mañana con un debate en el que se reivindica la potencialidad de esta disciplina, concretamente en el combate por hacer compatible la diversidad de las culturas con irrenunciables exigencias de universalidad. La Unesco viene desde hace años instando a otorgar a la filosofía un papel en la formación general de la ciudadanía, empezando por conferirle un mayor peso en la enseñanza secundaria y hasta primaria.
Y alguno se preguntará: ¿en razón de qué la filosofía? La carencia en los programas educativos afecta a múltiples disciplinas científicas o humanísticas, y la propia filosofía está interesada en denunciarla. Interesada, por ejemplo, en que se fortalezca la enseñanza de la matemática pura o de la música, materias vinculadas a la filosofía desde el origen y de las que nunca puede prescindir. Y, sin embargo, la filosofía reivindica una singularidad en el seno de las disciplinas del espíritu, en razón de que, aunque tenga sus dominios de especialización, la filosofía no apunta a alcanzar un sector específico del saber, sino un saber de cuya ausencia se queja implícita o explícitamente todo ser humano, un saber que a todos concierne.
La filosofía tiene emblema en la declaración con la que Aristó-teles abre su Metafísica, según la cual se da en todos los seres humanos un deseo desinteresado de conocimiento. Y ello en razón de que la facultad de lenguaje y la capacidad de razonar constituyen la expresión mayor de nuestra especificidad en el seno del mundo animal. La tendencia a fertilizar estas capacidades es, pues, la forma que adopta en nosotros la pulsión de todo animal a realizar plenamente su naturaleza específica, siendo tal tendencia lo que cabalmente recibe el nombre de filosofía, disposición emparentada a la que lleva al arte y a la ciencia, en los que la filosofía reconoce común origen, y en los que encuentra fundamental alimento.
Que Aristóteles tenga o no razón, que quepa o no atribuir a la naturaleza humana como tal una predisposición a la lucidez, se convierte entonces en una cuestión central que concierne, entre otras cosas, a la educación, lo que llevó hace 10 años en Boston a dar al cíclico congreso mundial el título de La filosofía educadora de la humanidad. Afirmar o negar la universalidad de la filosofía es casi una cuestión de confianza en una común disposición de los seres de razón, disposición que sería consecuencia de la riqueza esencial del lenguaje, más allá de las diferencias contingentes que separan a pueblos, culturas y civilizaciones. Incluso más allá de la diferencia entre adultos y niños. Esta pretensión de universalidad plantea obviamente el problema del lugar institucional en el que ha de enmarcarse la filosofía.
Es muy antiguo el debate sobre si la filosofía ha de practicarse allí mismo donde se realiza el trabajo científico o artístico, o debe seguir teniendo anclaje en una facultad específica. Una alternativa válida sigue siendo, a mi juicio, la propuesta kantiana de un departamento de filosofía que, siendo administrativamente uno entre otros, constituyera, sin embargo, "toda la Universidad". Ello pasa naturalmente porque la filosofía esté abierta al trabajo especializado, concretamente al científico.
La filosofía se reconoce en interrogaciones elementales de las cuales surge la necesidad de análisis de fenómenos, descripción de los mismos, y eventual ordenación en conjuntos, a todo lo cual denominamos ciencia. De la ciencia pueden surgir problemas teóricos, que no conciernen directamente a lo que se planteaba en el origen de la misma. Mas también puede ocurrir que la reflexión de la ciencia sobre sí misma enlace directamente con lo que desde el principio se formulaba, y entonces estamos de lleno en la filosofía. Este es exactamente el caso de la mecánica cuántica, disciplina que subvierte alguno de los principios que (desde el pensamiento primitivo hasta Einstein) han sido la base de nuestra concepción de la naturaleza, lo que aboca irremediablemente al físico a convertirse en metafísico. Y el filósofo que con el científico se reencuentra ha de estar en condiciones de dialogar efectivamente con él, sin que la dificultad técnica pueda eximirle al menos de un esfuerzo para estar en condiciones de determinar aquello que en las interrogaciones del científico le concierne directamente.
Un último apunte: si la filosofía tiene pretensiones de universalidad, si se aspira a la "filosofía como educadora de la Humanidad", entonces es imprescindible preguntarse por qué tiene tan liviano peso en la formación básica de los ciudadanos. La verdadera causa de la ausencia de universalidad de la filosofía no puede ser sino de orden social. En condiciones materiales en las que la lucha por la subsistencia sigue siendo el primer imperativo, no hay posibilidad de educación general conforme a la exigencia filosófica. Por ello, la filosofía tiene efectivamente un carácter militante, en consecuencia con el ideario humanista que ve en cada ser humano un potencial de riqueza espiritual y denuncia todo aquello que coarta esta potencialidad.
Víctor Gómez Pin es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador en la Universidad París-Diderot.
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domingo, 21 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
ESCUELA DE FILOSOFÍA
Jorge Úbeda, director académico de la Escuela de Filosofía
“La filosofía significa un revulsivo para la propia vida”
“Los debates fe-razón son en realidad enfrentamientos sociopolíticos”
Jesús Bastante, 14 de noviembre de 2010 a las 12:09
Fuente: religiondigital
(Jesús Bastante).- Jorge Úbeda es el director académico de la Escuela de Filosofía. Viene a presentarnos el proyecto de una escuela poco común: una escuela a la que la gente va a aprender por el placer de aprender, sobre temas de conocimiento humano, como filosofía. Es, en palabras de Jorge, "un espacio en Madrid en el que la gente se puede detener de la prisa y del tráfago diario, y hablar".
- ¿Cómo se os ocurrió esta idea?
R- Bueno, pues, hace 10 años Gonzalo Mendoza (un empresario madrileño) y yo nos conocimos. A ambos nos rondaba la idea de que hacía falta un espacio en Madrid en el que la gente se pudiera detener de la prisa diaria, y hablar. Hablar de las cosas que a todos nos preocupan, y para las que muchas veces no encontramos tiempo. Pensamos que la pregunta fundamental que el hombre se hace es ¿cómo tengo que vivir? ¿Qué tengo que hacer con mi vida? Y entonces creamos la Escuela de Filosofía con esa idea, la de ofrecer cursos que permitieran a la gente que tenga interés tratar estas cuestiones.
P- ¿Cuánto tiempo lleváis?
R- Estamos empezando nuestro séptimo año de existencia.
P- ¿Y cómo ha resultado?
R- La verdad es que, desde el punto de vista académico y cultural, está siendo un éxito y una sorpresa, tanto por el lado de los alumnos que vamos teniendo (que son adultos, gente profesional de edades media, de todo tipo), como por el de los profesores que invitamos a colaborar con nosotros, que vienen de las universidades y se quedan enormemente sorprendidos de que sea posible enseñar filosofía a un público tan interesado y con tantas ganas de aprender.
P- Sí, porque resulta paradójico -al menos desde fuera- que en un mundo dominado por la prisa, el estrés, lo económico y lo material, haya personas (que además son profesionales de un sector, no jóvenes que no saben qué hacer con su vida) dediquen tiempo y estén preocupados por temas aparentemente tan "fuera de la realidad" o tan poco aferrados al día a día, como Dios o la filosofía. ¿Cómo vivís esa dicotomía? Descubrir en un mundo rápido en el que no te da tiempo a frenar que la gente busca salidas a través de la fe y el pensamiento.
R- Nosotros observamos que es cierta aquella afirmación de Platón en uno de sus diálogos, La República, en la que decía que la metafísica es una cosa que empieza a tener sentido a partir de los 30 o 40 años. Observamos que cuando una persona ha completado su formación, y tiene su máster o su postgrado e incluso ha conseguido un puesto ejecutivo en su empresa, o tiene los hijos ya adolescentes, o incluso gente que esté ya a punto de jubilarse... siente que vive un momento de transición, de paso en la vida, en el que afloran de una manera muy clara este tipo de preguntas. No solamente ¿qué he hecho con mi vida? Sino qué quiero hacer realmente con ella. Y la formación filosófica aparece entonces como un complemento formativo muy especial, que no sustituye a la formación técnica, pero que la complementa muy bien. Porque la filosofía está siempre referida a las actividades básicas del ser humano. No enseña cosas secundarias o accidentales, sino que va directamente al corazón de las actitudes de la persona. Siempre significa un revulsivo para la propia vida, y una oportunidad de preguntarse, en la intensidad y el nivel que los alumnos que vienen a nuestra escuela quieran, con mucha tranquilidad y a través del estudio de la historia del pensamiento, por todos estos asuntos.
P- ¿Cuál es el método que seguís en los cursos?
R- Tenemos un compromiso muy serio con la calidad, y también queremos una enseñanza lo más personalizada posible. Esa personalización se consigue promoviendo que nuestros alumnos piensen por sí mismos, pero en diálogo con otros. Para que eso sea posible, tenemos grupos de no más de 16 personas en cada clase. A parte de un profesor especialista que viene a impartir sus temas, que lo que suele hacer es una exposición más o menos breve, en seguida hay turno de preguntas y comentarios.
P- ¿Para crear un ágora?
R- Eso es, una situación como en el ágora ateniense. Además, en todos nuestros cursos hay también un tutor, que suele ser un filósofo, que se encarga de que haya una buena dinámica en las clases, que ayuda a los alumnos en todas sus dudas, les envía un resumen semanal, da sesiones de repaso... en fin, está a su disposición para lo que quieran.
Las personas que se apuntan a la escuela no vienen buscando un título, sino por el interés de conocer y saber y de reflexionar, así que nosotros facilitamos los más posible que puedan asistir. Cuando no asisten les grabamos las sesiones en audio para que se las puedan llevar a su casa a la semana siguiente, editamos todos los materiales... Como ves, intentamos cuidar mucho a nuestros alumnos.
P- ¿Es una clase semanal?
R- Sí. Son cursos de 2 años. Tenemos turno de la mañana (de diez a una) y el de tarde (de siete a diez).
P- Los 3 grandes núcleos de vuestra propuesta son los monoteísmos, la historia del pensamiento filosófico y los diálogos filosóficos. Coméntame algo sobre ellos.
R- Estos 3 cursos son la puerta de más fácil acceso a la filosofía para el público en general. El curso de historia introduce en la filosofía a través de los principales autores y textos.
P- ¿Lo que estudiábamos en COU o en el Bachillerato?
R- Sí, con profesores muy buenos y muy bien preparados. Y con la idea de que el alumno termine con un "armario" para colgar en las perchas cada filósofo en su época. Es un curso que no sólo atiende a la historia, sino que atiende a las preguntas que nos hacen contemporáneos de los filósofos siempre. Sócrates se preguntaba en el siglo V a.C. cómo debía vivir, y nosotros también. Eso lo compartimos.
El curso de los monoteísmos es una iniciativa nueva. Nos hemos ido dando cuenta de que la pregunta a cerca de Dios y de lo divino no siempre se plantea en nuestra sociedad con toda la calma, la racionalidad y la prudencia que hacen falta.
P- ¿Porque se suele asociar a Dios a una institución, o a la pertenencia a un determinado grupo?
R- Efectivamente. Por eso pensamos que podríamos prestar un buen servicio a la sociedad planteando un curso en el que la gente pudiera recibir una información ordenada, crítica y opinable en torno a lo que es la gran tradición religiosa en nuestra sociedad, que es el monoteísmo.
El primer año nos introducimos sobre todo en la historia de Israel, en el texto de la Biblia, en las religiones reveladas... e incluso hacemos alguna incursión en las principales religiones monoteístas de la India y en la antigua religión griega, que tiene mucha influencia en el cristianismo. El segundo año está dedicado a la presentación sistemática de las tres grandes religiones monoteístas. Estamos trabajando ya para que los profesores de esas tradiciones sean personas que estén dentro de ellas, que no sean sólo especialistas externos. Que pueda venir el rabino de Madrid, alguien del mundo musulmán, y del entorno cristiano que, claro, en España es más fácil de encontrar.
P- ¿Casa la filosofía con la teología?
R- Yo creo que pertenecen a ámbitos independientes. Pero cuando uno en el campo religioso no tiene una intención apologética, como nosotros, que tenemos intención informativa, entonces la filosofía y la teología se encuentran con mucha facilidad, en un diálogo vivo entre iguales.
P- A veces es complicado, porque de lo que pecan las ideologías o la pertenencia a una institución, es de no saber afrontar la cuestión de una forma objetiva y desde fuera. La historia nos lo demuestra: muchas veces las teología no ha permitido que el pensamiento se introdujera dentro de una religión determinada.
¿Sigue vigente el debate fe-razón?
R- Sí. Yo no soy teólogo, y hablo a título personal, como un particular. Pero creo que en realidad ese debate es entre instituciones que quieren mantener sus influencias sociales o políticas. Ya sea un pensamiento ilustrado excesivamente cientificista, de una razón técnica muy utilitarista, que tiene sus propios intereses; o ya sea una determinada fe que quiere tener una presencia pública influyente. Tengo la impresión de que esos debates fe-razón son en realidad enfrentamientos sociopolíticos.
Creo que en nuestro curso ese debate se producirá de una manera absolutamente natural, en el plano de la discusión racional, que es en el que nos queremos mantener.
P- Háblanos del curso de diálogos filosóficos.
R- Son monográficos de 4 semanas de duración, en los cuales se trata de introducir a las personas interesadas en algún tema que tenga cierta relevancia, por sí mismo o en la actualidad. Es una manera de tener una experiencia breve en el campo de la filosofía, que a muchos de nuestros alumnos les anima a hacer luego cursos más largos o más comprometidos.
Este año tenemos 5: Breve Historia del Conocimiento, Discusión entre Filosofía y Literatura (un debate muy contemporáneo, de la posmodernidad), ¿Qué es la libertad? (una reflexión decisiva e importante), otro sobre pensamiento oriental (chino y japonés), y finalmente un diálogo sobre neurociencia y filosofía.
La neurociencia es una ciencia naciente muy interdisciplinar, y que se está haciendo las preguntas que los filósofos llevamos haciéndonos desde hace 2.600 años. Conviene que estemos en contacto con sus métodos y datos, y que conozcamos sus aportaciones.
P- ¿Cuál es el papel que crees que tiene la filosofía hoy, aquí, en este país, en esta ciudad?
R- Yo creo que el filósofo ha querido desde siempre ayudar a los hombres y a sí mismo a vivir bien. No solamente a vivir, que a eso casi casi aprendemos de manera espontánea, sino a llevar una vida buena, que no es posible si no es una vida reflexiva. Y una vida reflexiva no es posible si no se hace con otros.
Nos ponemos a reflexionar en la medida en que nos vemos exigidos por los demás a responder ante la sociedad, la familia... La filosofía puede prestar un servicio enorme y una ayuda indispensable a cualquier persona interesada, de cualquier profesión y cualquier estrato social. Es una ayuda, además, que no debilita al hombre, como quizá sí lo es la psicología, que ayuda a los hombres que se sienten frágiles o enfermos. La filosofía no plantea eso. Lo primero que le dice al hombre es "tú eres libre y tienes que pensar por ti mismo". Es decir, que te fortalece en tu individualidad, te ayuda a vivir de mejor manera, a detenerte y hablar. En un mundo que se sucede muy rápidamente, encontrar espacios donde eso sea posible y se haga bien, creo que es un gran servicio que nuestra escuela presta.
P- Por último, cuéntanos dónde estáis y cómo poder localizaros.
R- La Escuela de Filosofía está en la ciudad de Madrid, en la calle Asura 90 (zona de Arturo Soria), muy cerca de la Plaza del Liceo, etc. Tenemos una página web en la que se encuentra toda nuestra oferta formativa: www.escueladefilosofia.com
Ahí están nuestros teléfonos de contacto, los correos electrónicos y demás. Cualquier persona que esté interesada, no deje de llamarnos o de venir a vernos. Nosotros somos muy hospitalarios, invitamos a todo el mundo a que conozca nuestros cursos, sin ningún compromiso.
Además, hace unos años, por iniciativa de algunos alumnos nuestros, pusimos en marcha una fundación llamada Escuela de filosofía que ofrece ayudas a todas aquellas personas que quieran apuntarse a nuestros cursos y que no puedan hacerse cargo de la totalidad de la matrícula. Cada año damos unas cuantas becas. Tenemos esa sensibilidad por si alguien no puede asumir el precio.
P- Que el saber no ocupe lugar, y que cueste lo menos posible.
Felicidades por tu iniciativa, Jorge. Aquí tienes tu casa.
Muchas gracias y buena suerte.
R- Gracias a vosotros.
viernes, 24 de octubre de 2008
UN EDUCADOR PARA HOY.

En el 40 aniversario de la muerte de Romano Guardini:
Un educador para hoy
Alfa y Omega.
Ayer se cumplieron 40 años de la muerte de Romano Guardini. La figura de este gran humanista y pedagogo se nos presenta hoy como modelo de lo que debe hacerse en tiempos de desconcierto y apatía espiritual. Imaginemos el temple que habrá necesitado para consagrarse, durante los terribles doce años nacionalsocialistas, a formar sólidamente, en cuestiones éticas y religiosas, a los jóvenes del Movimiento de Juventud... Escribe el profesor López Quintás, gran conocedor de su obra, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Guardini lo puso todo a la carta de descubrir el método óptimo para formar a los jóvenes de su época atormentada. No se consagró a fáciles labores de crítica; quiso ir a lo hondo, lo más hondo posible. Esto explica que de sus encuentros con los jóvenes y con grupos de mayores afanosos de una formación adecuada hayan brotado, una a una, sus numerosas obras. Por eso conservan una sorprendente vitalidad. Esta fue su lección: atacar los problemas en su raíz y con espíritu constructivo.
Desde muy joven, intuyó Guardini que el hombre sólo puede edificar su vida personal sobre dos bases: la apertura a todas las realidades valiosas del entorno, y el amor a la verdad, como punto de anclaje que da vigor al pensamiento y a la capacidad creativa. Por eso cultivó el pensamiento existencial y dialógico -afanoso de mostrar al hombre como un ser de encuentro-; fundamentó la vida ética en la vinculación profunda a los grandes valores: la verdad, la unidad, el bien, la justicia, la belleza; consagró sus mejores fuerzas a mostrar que «sólo quien sabe de Dios conoce al hombre». Al regalarme la conferencia que pronunció con este título en el renombrado Katholikentag (el Día de los Católicos), me dijo, subrayando las palabras: «Aquí está el núcleo de mi pensamiento». La idea expresada en ese título venía a complementar la frase de Pascal que Guardini puso como lema a un libro sobre antropología que no llegó a publicar: El hombre supera infinitamente al hombre.
Estas tres grandes tareas las llevó a cabo, sobre todo, en estas cuatro obras: Mundo y persona; Ética; El Señor; y La existencia del cristiano. En las dos primeras subraya la condición dialógica del ser humano, abierto en su raíz a otras personas -vistas como un tú- y llamado a nutrir su espíritu mediante el cultivo del bien, la justicia, el amor, la belleza, los grandes valores «sin los cuales su persona enferma». En la tercera y la cuarta, nos muestra, con el estilo firme de las convicciones profundas, que los grandes valores tienen en el Creador su fuente y su plenitud de sentido. Por eso, en El Señor (ed. Cristiandad, 2005), hace radicar el Bien en el Dios vivo de la Escritura: «El Bien es uno de los nombres de Aquel cuya esencia es inefable. Él no exige sólo obediencia respecto al Bien, sino que te sientas vinculado a Él, el Dios vivo; que te atrevas a ello por amor y con el nuevo tipo de existencia que surge del amor. De esto se trata en el Nuevo Testamento, y sólo cuando se lo consigue se hace posible la plenitud de lo ético». Esta plenitud se nos da a conocer en las bienaventuranzas evangélicas, que -a su entender- no son meros «principios de una moral superior, reconocidos universalmente desde los tiempos de Jesús», sino que, «en realidad, son una invitación a engendrar una vida nueva. (...) En la medida en que el hombre realiza lo que supera toda ética, surge también un nuevo êthos. En él queda cumplido y superado a la vez el Antiguo Testamento».
Esta fundamentación de la ética en el Creador, Ser supremo y trascendente que nos creó a su imagen y semejanza, constituye una clave para entender, por una parte, la oposición de Guardini al espíritu autosuficiente de la Edad Moderna y, por otra, su tendencia a entender al hombre como un ser «que se trasciende infinitamente a sí mismo». Por eso, bien podemos decir que todo el pensamiento de Guardini se halla condensado en el siguiente párrafo de su obra póstuma, La existencia del cristiano (BAC, 1997): «La sede del sentido de mi vida no está en mí, sino por encima de mí. Vivo de lo que está por encima de mí. En la medida en que me encierro en mí o -lo que viene a ser lo mismo- me encierro en el mundo, me desvío de mi trayectoria (...). Mas esto significa que, con anterioridad, debo aceptar el existir, aunque no se me haya preguntado si lo quiero». Y afirma: «Dios es el punto de referencia esencial a partir del cual y para el cual el hombre existe. Si las relaciones con Él se desordenan, se trastorna el hombre todo. De esta clase son las secuelas de la culpa de las que habla la Revelación».
El asombro ante la verdad
La figura de Guardini se caracteriza por su êthos de verdad, su decisión básica de defender la verdad y vivir de la verdad. A la luz de lo antedicho, sabemos que para él la verdad está muy lejos de reducirse a un concepto filosófico. Implica la realidad vista en toda su amplitud: su origen, sus manifestaciones terrenas, su última meta. Por todo ello, podemos muy justamente considerarlo como un pensador modélico para estos tiempos sombríos de relativismo y reduccionismo, producto y causa a la vez de un nihilismo demoledor.
En la personalidad de Guardini resalta, ante todo, su actitud de fidelidad inalterable a la verdad de realidades y acontecimientos. En sus clases y homilías, Guardini no intentaba convencer a los oyentes, sino mostrar la verdad con toda la fuerza que ella posee. «La verdad es compleja, polifónica», como lo son las realidades del mundo que queremos conocer. A este concepto relacional de verdad alude cuando destaca, asombrado, el poderío que a veces ostenta la verdad cuando la buscamos como una meta, para vivir en ella y de ella. Con el recuerdo de las conferencias que pronunció en la iglesia de San Pedro Canisio, en el Berlín de 1940, sobrecogido por el terror de los bombardeos, nos confiesa Guardini la idea profundamente realista que tenía de la verdad: «Entre 1920 y 1943 desarrollé una intensa actividad como predicador y he de decir que pocas cosas recuerdo con tanto cariño como ésta. Lo que desde un principio pretendía, primero por instinto y luego cada vez más conscientemente, era hacer resplandecer la verdad. La verdad es una fuerza, pero sólo cuando no se exige de ella ningún efecto inmediato, sino que se tiene paciencia y se da tiempo al tiempo; mejor aún: cuando no se piensa en los efectos, sino que se quiere mostrar la verdad por sí misma, por amor a su grandeza sagrada y divina». Y añade: «Aquí experimenté con intensidad lo que dije antes sobre la fuerza de la verdad. Pocas veces he sido tan consciente como en aquellas tardes de la grandeza, originalidad y vitalidad del mensaje cristiano-católico. Algunas veces parecía como si la verdad estuviese delante de nosotros como un ser concreto» (Apuntes para una autobiografía, ed. Encuentro, 1992). Para hacerse una idea clara de la dignidad que tenemos los seres humanos, debemos ver los conceptos en toda su complejidad, como nudos de relaciones, o, si se quiere, como acordes, no como simples notas. Un acorde musical aúna diversas notas y ofrece una sonoridad peculiar.
Nuestro espíritu enferma...
Ahora comprendemos la razón profunda por la que Guardini afirma que el amor a la verdad nos robustece espiritualmente y la aversión a la misma nos enferma: «Cuando el hombre rechaza la verdad, enferma. Ese rechazo no se da ya cuando el hombre yerra, sino cuando abandona la verdad; no cuando miente, aunque lo haga profusamente, sino cuando considera que la verdad en sí misma no le obliga; no cuando engaña a otros, sino cuando dirige su vida a destruir la verdad. Entonces enferma espiritualmente» (Mundo y persona, ed. Cristiandad, 2006). La verdad primaria del hombre es haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. De ahí su inquietud interior por volver a Dios, como su origen y su meta. Toda la vida y la actividad de Guardini se inspiraron en la invocación de san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti» (Confesiones I, 1). Este venir de Dios y volver a Él, como al verdadero Ideal, genera el dinamismo singular del ser humano, que no es mera agitación, sino un sereno orientarse hacia las raíces que lo nutren. Se trata de un dinamismo creador.
Actualmente, la lectura de varios escritos póstumos de Guardini nos permite descubrir que no fue el triunfador nato que suponíamos sus alumnos; fue el hombre que, a través de múltiples avatares y sufrimientos, permaneció fiel a la titánica tarea de defender la libertad frente al poder desmadrado, al relativismo que se erige en dueño de la verdad y los valores, al reduccionismo que dilapida la grandeza del hombre, a la altanera pretensión de autonomizarse frente a todo tipo de trascendencia. (Esta nueva visión de la figura de Guardini inspiró mi obra Romano Guardini, maestro de vida, ed. Palabra, 1998).
Su coherencia espiritual le valió a Guardini ser estimado por propios y extraños y ejercer una forma de magisterio perdurable. En 1963, recibió el Premio Erasmo al mejor humanista europeo. Si hoy, en su querido Berlin, la Guardini Stiftung (Fundación Guardini) acierta a recoger el testigo de este gran valedor de la mejor Europa, podemos esperar fundadamente que este viejo y admirable continente siga nutriéndose de las raíces intelectuales y religiosas que lo alzaron a una gloria secular.
Alfonso López Quintás
Datos biográficos
17-02-1885 Nace en Verona.
1886 Traslado de la familia a Maguncia, Alemania.
28-5-1910 Ordenado sacerdote en Maguncia.
14-5-1915 Doctor en Teología, con una tesis sobre La teoría de la Redención según san Buenaventura.
1922 Profesor de Teología Sistemática en la Facultad de Teología Católica de la Universiadad de Bonn.
11-04-1923 Cátedra de Filosofía de la Religión y Cosmovisión Católica en la Universidad de Berlín.
11-03-1939 Jubilación forzada por el Tercer Reich.
1941 Prohibición oficial de hacer discursos. Alfons Maria Wachsmann lo invita a impartir una serie de conferencias y es condenado a muerte y ejecutado.
1945 Cátedra ad personam de Filosofía en Tubinga.
1948-1962 Cátedra de Filosofía de la Religión y Cosmovisión Católica en la Universidad de Munich.
1961 Nombramiento para la Comisión Preparatoria de la Liturgia para el Concilio Vaticano II.
1962 Cese de la actividad académica por motivos de salud. Le sucede Karl Rahner en la cátedra.
1965 Pablo VI le ofrece ordenarle cardenal (su estado de salud se lo impide, a 3 años de su muerte).
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martes, 2 de septiembre de 2008
A FAVOR DE LA FILOSOFÍA

A favor de la filosofía
FERNANDO SAVATER
EL PAÍS - Cultura - 02-09-2008
Sin duda hoy la filosofía no es la chica más guapa de la clase ni tampoco la más popular. Pierde horas en los planes de estudio y para colmo se la empareja en algunos cursos con Ciudadanía, lo cual es el mejor modo de fastidiar por igual ambas materias. Yo creo que uno de los problemas principales del estudio de la filosofía es lograr entender de qué va o, mejor, cogerle la gracia: como los chistes. No es tan fácil. Isaiah Berlin empezó su vida académica como filósofo (era uno de los discípulos predilectos de Wittgenstein) pero luego dejó este primer amor para dedicarse a la historia de las ideas; cuando se le preguntó por las razones de tal cambio, repuso: “Es que quiero estudiar algo de lo que al final pueda saber más que al principio”. En efecto, la filosofía trata de cuestiones no instrumentales —como las que se plantea la ciencia— y que por tanto nunca pueden ser definitivamente solventadas: sus respuestas ayudan a convivir con las preguntas, pero nunca las cancelan. De ahí que quienes aconsejan con impaciencia a los filósofos acogerse a la psicología evolutiva o a las neurociencias sencillamente no entienden el chiste ni ven la gracia al asunto. Como bien indica Giacomo Marramao en Kairós (editorial Gedisa), “las interrogaciones filosóficas se sirven de la experiencia y no del experimento, y por ello sólo pueden utilizarse en los símbolos, metáforas, palabras clave con las cuales intentamos conocer la realidad en que vivimos”.
Quizá la mejor caracterización de la inquietud filosófica es señalar que se ocupa de “las interrogaciones que a todos nos conciernen”, no en cuanto preocupados por tal o cual sector del conocimiento, sino en lo que toca a nuestro común oficio de vivir como humanos. Éste es el planteamiento básico sustentado por Víctor Gómez Pin en su Filosofía (Gran Austral, editorial Espasa Calpe), una introducción general a la materia que puede resultar ardua para quien apetezca simplificaciones de manual pero que resulta provechosa a cuantos crean que lo importante siempre resulta también exigente. Gómez Pin no rehúye partir de los avances de la matemática y otras ciencias, pero busca sin cesar establecer ese nivel común a la inquietud humana general que es propiamente filosófico. Porque no debe olvidarse —como bien dice Odo Marquard— que el filósofo no es un experto, sino quien dobla al experto: el especialista para escenas de peligro.
Otro camino de acercarse al chiste filosófico pasa a través de la vida y obra de algunos grandes pensadores. Las ediciones Marbot, que han iniciado recientemente con acierto y buen gusto su andadura, proponen dos libros excelentes a tal propósito. Cada uno de ellos está centrado en un filósofo, desde enfoques muy distintos aunque ambos bien logrados. El Séneca, de Paul Veyne, historiador del mundo clásico que estuvo muy vinculado intelectualmente a Michel Foucault, es un estudio magistral de la vida, obra y época del pensador nacido en la Córdoba primitiva. Nos narra la trayectoria humanísima y por tanto a veces contradictoria de un indagador preocupado con esa gran molestia intelectual y práctica: la dificultad de habitar el mundo sabiéndose mortal. En los días de Séneca, ser filósofo no era escribir tratados de filosofía ni mucho menos dar cursos de esa materia, sino vivir de un modo determinado: con deliberación y conciencia, luchando contra la rutina mimética que todo lo arrastra y nada se pregunta. Por otra parte, el Spinoza, de Alain, prescinde de la parafernalia historicista y de la mirada externa de comentador: resume en un inigualable prontuario lo esencial del pensamiento del valiente sabio judío como si fuera él mismo quien hablase sin intermediarios ni distancia académica. Durante muchos años, el libro de Alain ha constituido la base de gran parte de mis cursos y también —ayer como hoy— del pensamiento que me ayuda a vivir. Por suerte, la filosofía es una tradición de la que no debemos renunciar a nada: pero si debo quedarme con un solo compañero filosófico, que me dejen con Spinoza.
La filosofía nace con la democracia y representa en el terreno intelectual lo mismo que ella en el político: la autonomía del individuo pensante frente a las veneraciones inapelables establecidas. Quienes por razones espuriamente funcionales tratan de disminuir hoy su peso en la enseñanza, pretenden sin duda también la sumisión al poder incuestionado y no la mera eficacia laboral.
lunes, 25 de agosto de 2008
DE PEKÍN A SEÚL, LA HORA DE LA FILOSOFÍA.

De Pekín a Seúl, la hora de la filosofía
VÍCTOR GÓMEZ PIN 25/08/2008
Diario El País.
Además de las formas de sociedad que comparten con los animales, los humanos tienen cosas como moneda, propiedad, gobierno y... congresos de filosofía", decía con humor el pensador americano John Searle en la conferencia que clausuraba en Pekín en agosto del pasado año el Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia. Como es sabido, en la capital china, la filosofía deja este año paso a los fastos olímpicos, lo cual acentúa la reminiscencia griega. Mas, reemplazada en Pekín por el deporte, la filosofía no se ha ido muy lejos..., concretamente a Seúl, otra ciudad olímpica, donde ha tenido lugar el más genérico Congreso Mundial de Filosofía. Es la primera vez que se celebra en Asia este acontecimiento, cuya primera edición tuvo lugar en París en 1900. Excepcionalidad explícitamente señalada por el presidente del congreso, el danés Peter Kemp. La sede de la próxima edición será Atenas, lo cual algunos interpretarán como un retorno a casa. Retorno, en cualquier caso, tras haberse enriquecido en esta confrontación a la alteridad, y liberado quizás de algún prejuicio.
Aristóteles decía que la disposición filosófica era propia de hombres libres
Es obligado preguntarse de dónde procede este interés por organizar congresos filosóficos en estos dos grandes países asiáticos. En Seúl, la repercusión local ha sido muy grande y cabe decir que constituyó el acontecimiento cultural del momento (la inauguración contó con la presencia del primer ministro).
No puedo dejar de señalar un penoso punto en común entre ambas celebraciones; a saber, la testimonial representación de la mayoría de los países asiáticos y muchos de la Europa no comunitaria y de América Latina. Pues, obviamente, no todos los continentes están homologados en lo referente al peso que en la educación se está en condiciones de otorgar a la filosofía.
El país extranjero con mayor representación ha sido Rusia. También fueron numerosos los participantes españoles (el profesor Tomás Calvo, de la Complutense, fue uno de los responsables de la organización). Caso quizás especial es el de la propia Corea, que ya el pasado año en Pekín tenía una representación muy amplia.
En todo caso, el enunciado mismo del Congreso de este año parece sugerir que en su guerra por la dignificación de la condición humana, la filosofía ha de hacer una pausa consagrada a meditar sobre sí misma: Rethinking Philosophy Today es, en efecto, el título general, que cabría enfatizar como volver a plantearse en nuestro tiempo qué es eso de filosofía. En tal sentido, repensar hoy la filosofía no incita a otra cosa que a seguir filosofando, seguir confrontándose a aquellos problemas que constituyen universales antropológicos. A decir verdad cualquier tiempo pasado hubiera sido adecuado para que un encuentro de filósofos se fijara como meta el poner de nuevo sobre el tapete los problemas filosóficos.
A mi juicio, lo más relevante quizás ha sido la explícita consideración de temas vinculados a la relación Oriente-Occidente por lo que a la filosofía se refiere. Conviene al respecto precisar que la universalidad de la filosofía ha sido a veces puesta en tela de juicio precisamente en boca de los que a ella se dedican. La divergencia está viciada por un equívoco respecto a lo que hay que entender por el término mismo filosofía. Es difícil imaginar que en lugar alguno el hombre deje de preguntarse por el hombre, es decir, que no haya alguna forma de antropología filosófica. Y así para todas y cada una de las interrogaciones que han alimentado la historia de la filosofía. Los que enfatizan el lazo entre la filosofía y la ascendencia cultural grecolatina se verían sorprendidos al constatar el gran número de sesiones en que los problemas que atravesaron a Platón, Leibniz o Kant eran retomados con todo rigor por colegas asiáticos, en absoluto desarraigados de su cultura. Obviamente, ello no fue óbice para que hubiera múltiples sesiones sobre aspectos filosóficos de budismo o confucionismo, en las que, de hecho, se hallaron implicados muchos participantes europeos o americanos.
Afirmar o negar la universalidad de la filosofía es casi una cuestión de optimismo o pesimismo antropológico. La reivindicación de la filosofía seguiría vigente aun en el caso en que la globalización del libre mercado llegara a ser compatible con la reducción de las abismales diferencias económicas entre países y entre ciudadanos de cada país (perspectiva utópica donde las haya). Pues, como indicaba en este congreso la profesora turca Ioanna Kuçuradi, esta mayor equidad sólo supondría efectiva generalización de los derechos humanos si se acompañara de una educación general tendiente a desarrollar en cada individuo las facultades que le caracterizan como ser humano. Y aquí entra en juego la filosofía: educar a la humanidad a través de la filosofía equivaldría a posibilitar que se actualizara en cada uno de nosotros el conjunto de potencialidades que nos marcan como seres de razón; equivaldría simplemente a ayudarnos a realizar nuestra humanidad (la educación ha de fertilizar un órgano, no puede sustituirse a él, señalaba ya Platón).
Aristóteles pretendía que la disposición filosófica era propia de los hombres libres. Mas en tal caso, la neutralización de tal disposición en la inmensa mayoría de las personas constituye un índice de la ausencia de libertad efectiva.
En Seúl, Peter Kemp enfatizó la importancia del congreso en base a la convicción de que "los poderes tecnológicos, militares y económicos no poseen el monopolio del poder en el mundo". A su juicio, la filosofía, dada su capacidad de "exponer falsedades e ilusiones" generadas por dichas fuerzas y proponer "un mundo mejor como morada de la humanidad", podría erigirse en contrapoder, cuya misión sería, ni más ni menos, que "luchar para crear una ciudadanía mundial y establecer un nuevo orden mundial".
La verdad es que, compartiendo con Kemp la concepción militante y casi redentora de la filosofía, soy menos optimista que él respecto a que la generalización del espíritu crítico y de la exigencia de lucidez que la filosofía supone pueda realizarse en base a competir con los poderes reconocidos como gestores del mundo. Por decirlo en términos muy clásicos (y poco de moda), quizás la acción transformadora de la sociedad sea condición de la realización de la filosofía y no al revés. Quizás sea útil recordar aquella tan desconsoladora como lúcida Miseria de la Filosofía, con la que Marx daba respuesta a la edificante y compasiva pero inoperante Filosofía de la Miseria de Proudhom.
Un último apunte: ni la concepción de la filosofía como derecho cultural de cada ser lingüístico, ni la constatación de la diversidad de culturas en las que la filosofía se despliega, dieron lugar a la reivindicación de una filosofía popular, o de una filosofía patriótica. La filosofía ha de servir a las personas (contribuyendo a esa educación integral a la que antes me refería) y ha de sostener a toda patria portadora de valores universales (la Francia de la Revolución, por ejemplo), pero sólo lo hará permaneciendo fiel a sí misma, es decir, siendo cabalmente filosofía.
Víctor Gómez Pin es catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona.
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