miércoles, 4 de febrero de 2009

LA UTOPÍA DEL ISLAM REVOLUCIONARIO


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04/02/2009
Francesc Torralba Roselló
La utopía del Islam revolucionario


Se presenta como instrumento de una finalidad política que difícilmente puede acotarlo, pues significa el derrumbe de la lógica y la razón


El mundo, políticamente hablando, ya hace tiempo que ha dejado de ser una elipse para convertirse en una esfera. Desde la caída del muro de Berlín, ya no tiene dos centros: Washington y Moscú. Desde hace ya casi dos décadas, tiene un único centro, pero eso no significa que no tenga enemigos que deseen desestabilizarlo. Como algunos han sugerido: el final de la guerra fría dio pie al choque de civilizaciones.

El camino emprendido por ciertos sectores del Islam hacia su conversión en una utopía de sustitución de carácter mundial, estructurada en una red de microestructuras globales que conforman el Islam revolucionario, tiene unas notas muy específicas: una cúspide bien estructurada con una base heteróclita, flexible y autónoma, una ideología utópica, presentada como una ideología de la periferia, una vocación internacional y una explosiva combinación entre el uso de las nuevas tecnologías, manifestado en la guerra en red, y el empleo de suicidas como medios de combate.

El Islam revolucionario no debe confundirse con la rica tradición religiosa del Islam. Esta confusión, fruto de la ignorancia, olvida los ricos valores de esta tradición de raíz bíblica: el sentido del mundo como creación, la pasión por la justicia y el cultivo de la espiritualidad de la persona. Esta confusión, acrecienta la islamofobia y los prejuicios negativos con respecto a quienes profesan esta religión.

El Islam revolucionario tiene un impreciso anclaje terrestre y una clara vocación política utópica, de tal modo que en él se considera la historia como el preludio de un mundo nuevo que constituirá otra forma de materializar el mito dialéctico que se encontraba detrás del nacionalsocialismo y del marxismo.

El Islam revolucionario se constituye, pues, en la nueva ideología de la periferia explotada que lucha contra el centro, entendido como el núcleo del sistema capitalista que trata de imponerse a todo el orbe. Canaliza, de este modo, el malestar de miles de seres humanos explotados y humillados que no encuentran posibilidades reales de vivir una vida digna.

Este proyecto político, fuertemente utópico, justifica la destrucción completa del viejo orden y constituye el recipiente perfecto para enfrentarse a su enemigo occidental. Se expresa, fundamentalmente, en el terrorismo global y genera una sensación de permanente miedo que se traduce en una sociedad preocupada, casi de un modo obsesivo, por la seguridad y la vigilancia.

El terrorismo islamista se revela por su carácter transnacional y alcance global y tiene una gran capacidad de infligir daño indiscriminadamente. Respecto a su finalidad política, se presenta como instrumento de una finalidad política utópica que difícilmente puede acotarlo, pues significa el derrumbe de la lógica y de la razón.

Ante este horizonte, del que no se puede descartar la tremenda prueba del empleo de armas de destrucción masiva por actores no estatales contra alguna de nuestras grandes ciudades, es de trascendental importancia tomar conciencia de las posibilidades de la fuerza bélica. Debemos ser firmes en la defensa de nuestro sistema de libertades civiles y no podemos aceptar la derrota de valores que configuran la base de nuestras sociedades abiertas.

El mundo occidental debe saber responder a tal amenaza, a esa guerra que trata de imponer una nueva toma de la tierra y que sabe integrar su carácter ofensivo revolucionario en el fuerte cauce del resistir, donde para ganar es suficiente con no perder.

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