miércoles, 6 de agosto de 2008

ABORTAR, ¿ES UN DERECHO?


Fernando Pascual

Profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum

Que el aborto es un delito resulta claro cuando vemos lo que ocurre en cada aborto con ojos claros y con una inteligencia honesta: una madre decide, o es obligada, a eliminar a su hijo.

El aborto, por lo tanto, nunca podrá ser un “derecho”. Porque un derecho existe cuando hay que tutelar y promover algunas dimensiones básicas de un ser humano. Y porque el primer derecho para que viva entre nosotros un ser humano es el derecho a la vida.

Por eso resulta absurdo invocar y hablar de “derechos humanos” para pedir que una mujer pueda tener en su país o en el extranjero la posibilidad de un aborto “seguro” y “legal”. Ningún aborto es “seguro”, porque asesinar nunca será una “seguridad” para la víctima. A la vez, una ley deja de ser “ley”, es decir, deja de ser un principio regulador de derechos y deberes en la vida social, cuando con esa ley se permite eliminar la vida de seres humanos inocentes.

El hecho de que tres mujeres irlandesas hayan recurrido en 2005 al Tribunal Europeo de derechos humanos para defender su “derecho” a abortar en Irlanda sin tener que salir al extranjero para hacerlo, y que el Tribunal haya aceptado el caso y haya pedido este año 2008 más información para estudiarlo, es, simplemente, absurdo y contradictorio. Por tres motivos fundamentales:

El primero: que existan mujeres, asesoradas por abogados o grupos sociales, que consideren el aborto como un derecho, cuando se trata de un crimen.

El segundo: que haya numerosos países, algunos que se autodeclaran como “civilizados”, “progresistas” o, incluso, “promotores” de los derechos humanos, donde el aborto sea legal, es decir, donde miles de hijos sean eliminados cada año.

El tercero: que una corte o tribunal creado para tutelar los derechos humanos acoja una petición tan absurda y la estudie, cuando lo único que debería hacer es trabajar según su propia naturaleza: la de garantizar los derechos fundamentales, especialmente de los sujetos más débiles, los hijos antes de nacer.

Sólo si reconocemos y denunciamos una situación tan absurda y los males que se esconden detrás de todas las propuestas e iniciativas a favor del aborto seremos capaces de avanzar, realmente, en la tutela de los derechos humanos. De este modo, podremos construir un mundo donde todas las madres y todos los hijos puedan ser ayudados en el camino maravilloso de la vida humana.



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