viernes, 23 de enero de 2009

GLOBALIZACIÓN CON ROSTRO.


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23/01/2009
Francesc Torralba Roselló
Globalización con rostro


La solidaridad, lejos de ser un imperativo ético, es la constatación de la interdependencia


Es necesario reconocer que hoy existe un mayor sentido de solidaridad internacional que ofrece en particular una oportunidad única para contribuir a la globalización de la solidaridad, sirviendo de lugar de encuentro para los Estados y para la sociedad civil y de punto de convergencia de los diversos intereses y necesidad.

Esta solidaridad no siempre se puede manifestar de forma abundante por los que no tienen recursos, pero este sentimiento aparece cada vez que hay catástrofes mundiales. Como se expresó en la Declaración por una ética global del Parlamento Mundial de las religiones del año 1993, somos seres interdependientes, todos los seres humanos formamos una gran familia, estamos enlazados unos con otros.

El mito de la autosuficiencia no es humano, porque sólo es autosuficiente el ser que se basta a sí mismo y que no requiere de nada ajeno a sí para poder subsistir en el ser. Los seres humanos necesitamos, para poder subsistir, consumir elementos externos a nuestra propia naturaleza. Dependemos de ella, dependemos de los otros. La solidaridad, pues, lejos de ser un imperativo ético, es la constatación de la interdependencia, de la profunda y subterránea interacción que hay entre todas las entidades que configuran el mundo.

El fenómeno de la globalización de las comunicaciones y del mercado nos permite percatarnos más claramente de tal interdependencia. Al enterarnos de la precaria situación en que viven tantos seres humanos, experimentamos la necesidad de establecer puentes y transferir ayudas.

La cooperación entre organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales contribuye a garantizar que los intereses de los Estados, por más legítimos que sean, y de los diversos grupos que existen dentro de ellos, no sean invocados o defendidos en perjuicio de los intereses o de los derechos de otros pueblos, especialmente de los menos prósperos. El amplio surgimiento del voluntariado a nivel global es uno de los signos de los tiempos que fortalece esta cooperación.

Se hace, pues, necesaria la puesta en escena de este mecanismo solidario frente a los egoísmos individualistas que frecuentemente promocionan una globalización excesivamente dominada por los intereses económicos para contemplar en su verdadera dimensión lo injusto de una globalización asimétrica. Se debe humanizar la globalización. Mientras la integración de los mercados de bienes, servicios y capitales progresa, la de los mercados laborales, por ejemplo, no lo hace.

Joseph Stiglitz, un buen conocedor del proceso de globalización, establece, en el colofón de uno de sus últimos libros, una especie de sentencia final con una llamada a los países ricos y a los organismos internacionales para que cumplan con un deber ético ineludible.

“El mundo desarrollado -dice- debe poner su parte para reformar las instituciones internacionales que gobiernan la globalización. Hemos montado dichas instituciones y debemos trabajar para repararlas. Si vamos a abordar las legítimas preocupaciones de quienes han expresado su malestar con la globalización, si vamos a hacer que la globalización funcione para los miles de millones de personas, para que las que aún no ha funcionado, vamos a lograr una globalización de rostro humano”.

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